La piel no se “arregla”, se acompaña
La piel habla. A veces en forma de brillo y suavidad, otras en forma de sequedad, granitos o sensibilidad.
La piel no se “arregla”, se acompaña
La piel habla. A veces en forma de brillo y suavidad, otras en forma de sequedad, granitos o sensibilidad. Y aunque solemos buscar respuestas solo en cremas o tratamientos externos, lo cierto es que la piel es un reflejo directo de cómo están nuestros órganos, nuestro intestino y nuestro estado emocional.
Cuidarla de verdad implica ir un poco más adentro.

Limpiar órganos: menos carga, más luz
El hígado y los riñones son grandes depuradores del organismo. Cuando están sobrecargados, muchas toxinas buscan salida… y la piel es una de ellas.
Apoyar estos órganos con plantas depurativas, infusiones suaves y una alimentación más natural ayuda a que el cuerpo haga su trabajo sin esfuerzo extra.
Consejo práctico:
Empieza el día con agua templada, reduce ultraprocesados y regálate una tisana depurativa por la tarde. Pequeños gestos sostenidos hacen grandes cambios.
El intestino: la raíz silenciosa de la piel
Un intestino alterado suele reflejarse en la piel: inflamación, rojeces, acné adulto o falta de luminosidad.
Cuidar la microbiota es clave para una piel equilibrada, ya que de ella depende la correcta absorción de nutrientes y la gestión de la inflamación interna.
Consejo práctico:
Apuesta por fibra natural, alimentos vivos y suplementos que ayuden a restaurar el equilibrio intestinal con suavidad.

☀️ El estado de ánimo también nutre
El estrés, la prisa constante o la autoexigencia excesiva se manifiestan en el cuerpo… y la piel lo siente.
Un estado emocional más amable favorece el descanso, la regeneración celular y una expresión más relajada del rostro.
Consejo práctico:
Respira, baja el ritmo cuando puedas, y acompaña tu rutina de cuidado con momentos de calma: una infusión consciente, un paseo, una respiración profunda.
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